Hablamos con Rita, fisioterapeuta de FisioMaisha

Maisha es un centro de bienestar completo para tu cuerpo, tanto por fuera como por dentro. Ofrece servicios de fisioterapia y osteopatía, pilates suelo y pilates para embarazadas, psicología y estética; estando especializadas en fisioterapia de la mujer.

Hoy hablamos con Rita, fisioterapeuta y monitora de pilates suelo.

¿Cómo has llegado a este mundo? ¿ha sido vocacional o casualidad?
Siempre supe que quería dedicarme al ámbito de ciencias de la salud, pero no fue hasta justo antes de entrar a la universidad cuando redescubrí la fisioterapia.  Finalmente y de forma casi providencial empecé a estudiar fisioterapia en Las Palmas de Gran Canaria, aprendiendo esta profesión preciosa que abarca muchísimos más campos de los que a primera vista pudiera parecer. Esto sumado a la proximidad y al contacto que siempre se tiene con el paciente me han proporcionado la oportunidad perfecta para desarrollar mi pasión: atender personas, no patologías. 

¿Cómo describirías tu trabajo a alguien que no sabe lo que es? 
Mi trabajo como fisioterapeuta consiste en mejorar la calidad de vida de las personas; desde la mejora (¡o eliminación!) del dolor hasta la recuperación de la funcionalidad de alguna parte de su cuerpo.  Para ello la fisioterapia utiliza métodos físicos como el masaje y otras técnicas manuales, las corrientes eléctricas, la reeducación del movimiento y el entrenamiento, entre muchas otras.
¿Cuál es tu punto fuerte a nivel profesional? ¿y a nivel personal? 
Creo que el punto fuerte que debe tener todo profesional son las ganas de aprender. En nuestro campo existen muchísimas especialidades y diferentes escuelas con diferentes técnicas de actuación para cada caso. Además, la fisioterapia es una profesión relativamente joven, por lo que se están realizando muchísimos estudios clínicos y científicos continuamente, lo que nos fuerza a seguir formándonos y esforzándonos por dar a nuestros pacientes la mejor atención profesional. Por suerte, aprender ¡a mí me encanta!
A nivel más personal, creo que lo más importante es la empatía y la confianza que puedo transmitir a mis pacientes.
¿Cuál es el mayor reto profesional al que te has enfrentado? ¿Y qué has aprendido al superarlo?
Hace dos años tuve unas experiencias muy exigentes en un colegio de educación especial. Tratábamos a estudiantes con parálisis cerebral, daño cerebral adquirido y diferentes grados del espectro autista. Mi clase era la de los chicos y chicas de 16 a 21 años, llamada «transición a la vida adulta» y mi trabajo consistía en mejorar la calidad de vida de los estudiantes: ayudarles a andar, proporcionarles fisioterapia respiratoria, tratar su espasticidad y ayudarles a mejorar su postura para que pudieran participar más y mejor en las clases.
Fue una experiencia muy exigente porque todos mis alumnos estaban en situaciones graves y y delicadas, y tenía que emplearme al 100% durante cada minuto con ellos. Aún así, cuando se van del colegio y sabes que has aportado tu granito de arena en su día día y en su situación física y personal, acaba por ser muy gratificante a nivel personal y muy enriquecedor profesionalmente.
¿Ha habido alguna persona que haya “marcado” tu carrera? 
Durante mi paso por la universidad tuve unos compañeros de clase y un grupo de prácticas clínicas con el que aprendí muchísimo sin dejar de pasámelo genial, y son personas que siempre atesoraré, aunque en el ámbito más estricto de la profesión…
Siempre me ha gustado la especialidad de fisioterapia respiratoria, y recuerdo con especial cariño a una de las primeras personas que traté en esta especialidad, durante las prácticas de segundo año. Era una señora de unos 80 años, con una fibrosis pulmonar con más de 8 años de evolución e ingresada en hospitalización a domicilio. Cuando la conocí necesitaba mucho aporte de oxígeno diario, y pese a él, le costaba muchísimo trabajo levantarse y sentarse en la cama; resultándole del todo imposible andar los metros que la separaban del baño. Durante varios días mis compañeros y yo le enseñamos técnicas de fisioterapia respiratoria, la ayudamos a controlar sus esfuerzos y su sensación de disnea, y su autonomía dentro de la casa mejoró muchísimo. Semanas más tarde nos contó que fue capaz de salir de su casa y cruzar hasta la de enfrente, donde celebró la comunión de su nieta. Darle a esta señora la oportunidad de disfrutar de su familia de una forma que semanas antes parecía casi imposible me confirmó que desde luego había acertado con la fisioterapia.
 
Cuéntanos una anécdota que te haya ocurrido ejerciendo tu trabajo.
Generalmente suelo conectar bastante bien con las personas, así que solemos pasárnoslo bien una vez ya hay confianza, lo que hace que la gente se suelte y a veces te muestre su gratitud de muchísimas formas. Recuerdo un caso concreto, durante las prácticas hospitalarias, en las que un señor nos escribió un poema a las tres fisios que le atendíamos ¡y lo empezó a recitar mientras le estábamos auscultando! Fue un gesto muy bonito y divertido, pero sobra decir que tuvimos que esperar a terminara de recitar para poder oír algo con el estetoscopio… jajaja.

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